Bueno, cualquier analista puede ver el vaso medio vacío. Pero en el caso de los analistas financieros y concretamente los del sector bancario, por conveniencia del negocio en el que se desenvuelven, normalmente destacan las ventajas de la economía y las favorables perspectivas. ¿Qué banquero les dice a sus clientes que no inviertan en una economía tan débil como la mexicana?, pero, en fin.
La institución crediticia destaca que “la economía mexicana se salvó de la recesión técnica en 2025, debido a un repunte del Producto Interno Bruto (PIB) en el último trimestre. Debido a ello, el crecimiento para el año pasado será de 0.71%, o el menor avance desde 2020, el año de la pandemia”. Uf, mejor volteamos para otro lado.
Pero no, e insiste: “México da señales de haber caído en la trampa del estancamiento, con una estimación de incremento de 0.9% en el PIB de 2026 en el escenario básico, y de máximo 1.4% en el positivo, esto aun estimando un impulso de 0.15% del PIB por la celebración del Mundial de Futbol. El documento de análisis, firmado Gabriela Siller, nos advierte: “esta situación implicará un esfuerzo para crear mejores condiciones de inversión, justo en un año de incertidumbre ante la renegociación del T-MEC, y nos recuera “el mayor motor de la economía de México fue el sector de Servicios, ante el estancamiento de la industria manufacturera”.
“México -añadió- está cayendo en la trampa del estancamiento, que es un círculo vicioso compuesto por debilidad en las instituciones, aumento de la informalidad, menor inversión fija y caída en la productividad”. El ciclo se alimenta a sí mismo, por lo que es preciso buscar formas de sacar a México de la trampa. El consumo privado creció 1.8% en 2025, la mitad que el año anterior. El único impulsor fue un incremento de más de 20% en la compra de bienes importados y un mayor uso del crédito al consumo. “El mayor endeudamiento conlleva el riesgo de un mayor índice de impago de deudas en el mediano plazo”, apuntó Siller.
El año que terminó marcó una caída de 4.1% en el volumen de remesas, pero también una pérdida de 3.6% en su poder adquisitivo, dada la valuación del peso frente al dólar. El “superpeso” no es una noticia tan positiva, al perder competitividad las exportaciones mexicanas. Igualmente, el empleo tuvo un año de deterioro con la destrucción de 104,000 empleos formales, sólo compensados por la generación de más de un millón de empleos informales (y le parece poco), que son mucho menos productivos. (Uf, es cierto, pero son los empleos que crean los mexicanos menos favorecidos para llevar el alimento a la mesa de su casa. Ojalá todos pudieran crer bancos, empresas siderúrgicas, o constructoras).
Para el Banco Base, “el Plan México es una buena hoja de ruta, pero no ha tenido el impacto suficiente sobre la economía mexicana. Tiene que reflejarse en inversión y el gobierno debe abrir la llave del gasto público en infraestructura y generar condiciones de confianza para el sector privado”, apuntó Gabriela Siller. No, pos si.
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