En efecto, creemos que el escenario de revisiones anuales de dicho tratado comercial se materializará como un proceso de transición, para llegar a un acuerdo duradero. Esto implica seguir operando con el T-MEC actual, mientras continúan negociaciones técnicas y sectoriales hasta encontrar el momento adecuado para acordar su extensión. Bajo este escenario, el principal riesgo probablemente no es una ruptura inmediata, sino un entorno prolongado de incertidumbre, posibles ajustes sectoriales y un potencial incremento gradual de algunas barreras no arancelarias dentro de la región.
En nuestra opinión, me dicen analistas de Banorte, el proceso de revisión del tratado debe analizarse más allá de una lógica estrictamente comercial. Lo que está en juego no es únicamente la continuidad de un acuerdo de libre comercio, sino la forma en que Norteamérica buscará posicionarse frente a un entorno global caracterizado por una mayor fragmentación económica, una competencia tecnológica más intensa y una creciente preocupación por la resiliencia de las cadenas de suministro. Bajo esta perspectiva, resulta fundamental evaluar tanto los riesgos asociados al proceso de revisión como las oportunidades que continúan surgiendo para México dentro de la integración regional.
Los recientes ajustes en la política comercial de Estados Unidos –hacia México y el resto del mundo– no deben analizarse únicamente desde una perspectiva arancelaria o de política industrial. Detrás de las medidas comerciales impulsadas por la administración del presidente Trump existe una lógica estratégica mucho más amplia, donde el comercio funciona como un mecanismo de presión y negociación dentro de una agenda que combina objetivos económicos, migratorios, de seguridad y geopolíticos. Bajo este contexto, la revisión del T-MEC este año podría convertirse en uno de los principales instrumentos para redefinir la relación bilateral entre Estados Unidos y México en los próximos años.
La estrategia de Estados Unidos hacia México parece descansar sobre cuatro pilares fundamentales e interconectados:
1. Comercio: El proceso de revisión del T-MEC, los aranceles bajo distintos mecanismos (e.g. Sección 232), extensión y cambios en las reglas de contenido de origen y barreras no arancelarias funcionan no sólo como instrumentos económicos que influenciarán el desarrollo y evolución de una diversidad de industrias, sino también como herramientas de negociación;
2. -Migración: Estas políticas tendrán un impacto en la movilidad del factor trabajo, particularmente aquellas en temas relacionados con el control fronterizo, flujos migratorios y cooperación regional;
3. Combate al narcotráfico: Una serie de temas seguirán en discusión, especialmente alrededor del tráfico de fentanilo, crimen organizado y fortalecimiento de capacidades de seguridad;
4. Seguridad nacional y geopolítica: La competitividad de la región en el largo plazo y el papel de Norteamérica frente a un entorno global cada vez más fragmentado dependerá de los esfuerzos conjuntos por asegurar su estabilidad y atractivo económico relativo, incluyendo el Nearshoring, cadenas de suministro estratégicas, resiliencia operativa, inversiones y comercio con países no miembros del T-MEC (e.g. China), entre otros temas.
En este sentido, resulta cada vez más difícil separar la discusión comercial de otros temas estratégicos para Washington. De hecho, conforme Estados Unidos busca fortalecer la resiliencia de sus cadenas de suministro y reducir sus vulnerabilidades en comparación con Asia, México adquiere una relevancia creciente no sólo como socio comercial, sino como pieza clave dentro de la arquitectura de seguridad económica regional. Por ello, más allá de episodios de volatilidad o tensiones de corto plazo, la revisión del T-MEC probablemente terminará reflejando una discusión mucho más profunda sobre el papel que México jugará dentro de la estrategia global estadounidense durante las próximas décadas.
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