La posibilidad de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán volvió a mover con fuerza a los mercados globales, especialmente al petróleo y al oro, dos activos que hoy concentran buena parte de la atención financiera internacional. La pausa anunciada por Donald Trump al “Proyecto Libertad” en el Estrecho de Ormuz fue interpretada como una señal concreta de distensión geopolítica, provocando una caída superior al 7% en el crudo durante la última sesión.
El Brent llegó a desplomarse desde niveles sobre US$110 hasta la zona de US$102 por barril, mientras el WTI retrocedió hacia los US$96, en un mercado extremadamente sensible a cualquier novedad relacionada con Ormuz, paso estratégico por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. Aun así, las caídas encontraron cierto freno tras nuevos descensos en inventarios de crudo en Estados Unidos, reflejando que la demanda energética sigue firme.
En paralelo, el oro reaccionó con fuerza alcista y volvió a posicionarse sobre los US$4.700 por onza, registrando uno de sus avances diarios más agresivos desde marzo. La combinación entre caída del dólar, menores expectativas inflacionarias y retroceso del petróleo impulsó nuevamente la demanda por refugio y activos defensivos.
Desde una mirada personal, nos dice Sergio Cisternas, Analista de mercados EBC Financial Group, el mercado parece estar entrando en una etapa donde cualquier avance diplomático podría seguir presionando al petróleo hacia rangos de US$95 e incluso US$90 por barril, escenario que aliviaría parte de la presión inflacionaria global y entregaría algo de oxígeno a consumidores y bancos centrales. Menores precios de combustibles impactan directamente en transporte, alimentos, logística y costos operacionales, variables que terminan llegando de forma muy concreta al bolsillo de las personas.
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