Hay negociaciones que se ganan en la mesa y otras que se pierden sin lógica aparente y nacen muertas.
La revisión del T-MEC apenas comenzará formalmente este 1 de julio, pero en los pasillos del poder la discusión ya se perdió y dejó de ser comercial para convertirse en política, y, aunque seguirá vigente, la negociación de su renovación podría alargarse hasta 10 años, según la reglamentación aprobada por los tres socios del tratado.
Quizá el mayor logro de acuerdo entre los tres socios del TMEC, México, Estados Unidos y Canadá, en los próximos meses sea la Planta de Producción de Moscas Estériles del Gusano Barrenador en Metapa de Domínguez, Chiapas, que anunciaron el pasado sábado.
Marcelo Ebrard lo sabe, y ya deja ver su reingreso al Senado dónde buscaría la coordinación de la bancada de Morena, y con ella la presidencia de la Junta de Coordinación Política de la cámara alta, y sus ventajas recursos y un foro mediático propios… y al fondo el 2030.
Por eso, mientras desde Washington vuelven a sonar los tambores del proteccionismo, el secretario de Economía insiste en transmitir serenidad. Repite que el peor escenario no es la desaparición del tratado, sino una extensión de las revisiones durante los próximos diez años. En otras palabras: no habría ruptura, sino incertidumbre administrada.
El mensaje tiene lógica económica. El problema es que la política rara vez obedece a la lógica.
Donald Trump volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: negociar sembrando dudas. Bastó una frase -«no sé si lo voy a renovar»- para mover mercados, titulares y nervios. No importa si la amenaza es real o simplemente una herramienta de presión; el efecto ya lo consiguió… Incertidumbre.
El próximo miércoles 1 de julio iniciará formalmente el proceso con una reunión virtual entre Ebrard Casaubon, el representante comercial de EE. UU., Jamieson Greer, y funcionarios de Canadá. Posteriormente, alrededor del 20 de julio, se llevará a cabo una nueva ronda de negociaciones presenciales en México para definir los alcances detallados.
Ex negociadores como Kenneth Smith sugieren que es prácticamente un hecho que México, EE. UU. y Canadá no cumplirán con una resolución definitiva para el 1 de julio, por lo que se espera la emisión de comunicados conjuntos que formalicen que el proceso continuará extendiéndose por meses o hasta 10 años.
Otros especialistas consideran que el escenario más probable no es una ruptura del tratado, sino meses -o incluso años- de negociaciones permanentes. Es decir, un T-MEC vivo, pero bajo revisión constante.
Un tema medular en la agenda técnica mexicana será homologar y defender reglas de origen que eviten que competidores de Asia (particularmente China) saquen ventajas, y lo presenta ante EE. UU. como una alianza estratégica regional.
Sin embargo, el peligro no es un desencuentro comercial, ni China. Las amenazas y la incertidumbre sembrada por Donald Trump con la retórica proteccionista de la Casa Blanca continúan utilizándose como un mecanismo de presión directa por motivos de popularidad en su país, como acá, la soberanía.
La frase que detonó las alertas: Donald Trump generó turbulencia al declarar públicamente: «No sé si lo voy a renovar porque, para ser honesto, Estados Unidos tiene algo mucho mejor”, y afirmó que su país no necesita ni a México ni a Canadá a los que considera más un lastre que una ventaja para la economía estadounidense.
En México también comenzó el acomodo de piezas.
La oposición encontró en la revisión del tratado el terreno ideal para construir un discurso sobre pérdida de competitividad, aumento de la deuda y deterioro institucional.
De acuerdo con el coordinador de los diputados del PRI, Ruben Moreira Valdez, México ha perdido competitividad, y afirma que nuestro país se ubica en el lugar 62 de 70 economías, mientras la deuda pública prácticamente se duplicó en los últimos ocho años. “A esto se suman las tensiones internacionales, el deterioro de la relación con Estados Unidos y los riesgos asociados al futuro del T-MEC. También, el creciente peso fiscal de proyectos como Pemex, el Tren Maya y el Corredor Interoceánico”, advierte el legislador.
Legisladores del Partido Acción Nacional (PAN), encabezado por su coordinador, Elías Lixa, advirtieron que una negociación fallida o una cancelación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) afectaría al 85% de las exportaciones mexicanas, poniendo en riesgo millones de empleos, la atracción de nuevas inversiones y la estabilidad cambiaria del país. Ambos partidos cobraran una factura electoral del fracaso en las negociaciones del TMEC.
Pedro Lozano Martínez líder de transportistas en Tamaulipas señaló que México cuenta con una ventaja competitiva real que “debemos defender con inteligencia en las próximas rondas de revisión del T-MEC”. México y Canadá son actualmente los únicos países que mantienen el 85% de sus exportaciones hacia Estados Unidos sin aranceles, lo que nos posiciona favorablemente frente a economías asiáticas que hoy compiten agresivamente por el mercado estadunidense.
Como el tamaulipeco, el sector privado observa con una preocupación mucho más práctica: la inversión no suele huir por las malas noticias, sino por la incertidumbre.
Y justamente eso está bajo amenaza de prolongarse la negociación, la inversión nacional y extranjera que no esperar 10 años para tomar decisiones.
Ahí aparece el verdadero dilema para Marcelo Ebrard.
Su apuesta política está íntimamente ligada al resultado de esta negociación. Si consigue preservar las ventajas competitivas de México, fortalecer las reglas de origen y mantener la confianza de los inversionistas, saldrá fortalecido como uno de los operadores más eficaces del gabinete de Claudia Sheinbaum.
Pero si las conversaciones se empantanan, si Washington endurece condiciones o si la incertidumbre termina frenando el nearshoring, la Secretaría de Economía inevitablemente se convertirá en el primer espacio donde buscar responsables.
Y en política, cuando las responsabilidades empiezan a repartirse, también comienzan a diseñarse las rutas de salida.
No es casual que algunos ya miren hacia el Senado.
Ebrard dejó su escaño mediante una licencia por tiempo indefinido para incorporarse al gabinete presidencial. Jurídicamente conserva la posibilidad de regresar si las circunstancias políticas cambian. Nadie dentro del oficialismo habla de ello públicamente, pero es el escenario más posible.
Sería, en todo caso, un movimiento preventivo antes que una derrota.
Porque la verdadera batalla no se librará el primero de julio. Ese día apenas arrancará un proceso que podría extenderse durante meses. La negociación más complicada no será con Canadá ni con Estados Unidos.
Será con los tiempos políticos.
En San Lázaro y en Palacio Nacional saben que los tratados comerciales pueden revisarse cada año.
Las carreras políticas, en cambio, suelen revisarse todos los días
