Por Luis Carlos Rodríguez
Viví en Caracas cuando fui corresponsal de la desaparecida Agencia Notimex en Venezuela y me tocó ser testigo en 1999 de la tragedia de Vargas, en la costa de ese país, donde murieron alrededor de 30 mil personas por las fuertes lluvias y deslaves, durante los cuales el entonces presidente Hugo Chávez prefirió no alertar a la población para no afectar las elecciones para decidir sobre una nueva Constitución que lo entronaría como mandatario a él, a Nicolás Maduro y ahora a Delcy Rodríguez.
A pesar de los consejos de algunos de sus ministros de suspender las elecciones, Chávez estaba decidido a crear la nueva Constitución la República Bolivariana de Venezuela para destruir el sistema de salud, de educación, apoderarse del Poder Judicial y del Congreso, así como de los organismos electorales, con los resultados de todos conocidos.
Pasada la jornada electoral, aquel fatídico 15 de diciembre de 1999, Chávez, vestido de militar, aparecería en la zona de desastre para repartir ayudas y discursos, como el gran salvador de la patria.
Por cierto, años después, en 2010, bajo el Programa “Gran Misión Vivienda”, el entonces presidente Hugo Chávez se jactó de dar otorgar departamentos dignos, alejados de la antigua corrupción a habitantes afectados por la Tragedia de Vargas.
Decenas de esos edificios, que fueron construidos incluso con hule espuma en las paredes, colapsaron el pasado 24 de junio cuando se registraron dos terremotos. Paradójicamente las víctimas y los damnificados, era reubicados de la otra tragedia que solapó Chávez, la de Vargas.
El Topo Mayor, Don Héctor Méndez, denunció hace unos días que una reportera de una televisora del gobierno de Venezuela, intentó darle línea para agradecer a la presidenta Delcy Rodríguez. El viejo rescatista la mando al carajo. Una prueba más de la miseria política de los gobiernos populistas en las tragedias.
Lo mismo ocurrió en México previo al huracán Otis en Acapulco en 2023, cuando el gobierno del entonces es presidente López Obrador optó por no alertar a la población sobre el grave y riesgo que corrían y prefirieron exponer a miles a la tragedia antes que evacuar a la población y a los turistas.
Expertos en protección civil, incluso de la UNAM, afirmaron que el fenómeno era previsible, había informes de la Conagua, de Protección Civil Federal, pero incluso del Centro de Huracanes de Miami, sobre lo que ocurriría con el huracán Otis de categoría 5.
El resultado fue oficialmente de más de un centenario de fallecidos, así como número incierto de desaparecidos. Daños millonarios, miles de viviendas destruidas y el escenario perfecto para el reparto de ayuda por parte del Ejército y la Marina a nombre de Morena y del presidente López Obrador a los damnificados, población en situación de pobreza que perdieron todo.
Vendría el reparto de refrigerados y estufas chinas, colchones, despensas, entregadas con los atentos saludos del Presidente. En las siguientes elecciones en Guerrero, incluso en Acapulco, la población ya no recordó la tragedia, votó por la reelección incluso de la alcaldesa, Abelina López. También en la elección presidencial del 2024, Morena arrasó en Guerrero.
Venezuela y México. Tragedias naturales que derivaron en víctimas mortales que no debieron ocurrir, pero también en el lucro político y electoral con el reparto de ayudas a nombre de esos gobiernos.
Ahora veo las escenas de la Caracas que conocí donde viví junto con mi esposa y mi hija recién nacida, recuerdo nuestro hogar en la zona de Los Palos Grandes, en el municipio de Chacao, que colapsaron con estos terremotos. Muchos recuerdos, tristeza y coraje porque si bien los fenómenos naturales no son prevenibles, la protección civil puede disminuir las víctimas, pero prevalece en nuestros países la corrupción y la rapiña política. Tal Cual.
