Antes que nada hay que diferenciar. La rebeldía nada tiene que ver con una rebelión. Aquí, ahora, al menos no por el momento.
La rebeldía a la que el “segundo piso” del reinecito de Cuarta… nos está orillando aparece ya por la forma de actuar de la élite cuatrotera que transita entre el desprecio despótico y el no tener en cuenta los derechos de los demás.
La rebelión, usted lo entiende, ya es otra cosa. Es una acción de resistencia, rechazo a la autoridad, desafío a las reglas establecidas que incluyen el alzamiento armado contra un gobierno.
Y no, de eso no es de lo que se trata y, mucho menos, lo que aquí propone el escribidor.
Porque pareciera que no hay forma hacer entender a los seguidores de López Obrador, de los cuales la señora Claudia Sheinbaum es la primera en la fila, que es necesario el diálogo, la concertación, el ponernos por fin de acuerdo en lo sustancial, porque la mayoría de los mexicanos rechazamos la imposición que les caracteriza y a la que mal disfrazan con frases como “así lo quiere el pueblo”.
¿Cómo hemos tolerado que en una democracia en construcción, como hasta hace poco fue la nuestra, una sola persona, AMLO, haya destruido casi todo lo que nos llevó décadas empezar a cimentar y ya tenía visos de que se iba a consolidar?
Porque ya hemos llegado al punto de que existan quienes propongan posponer o hasta detener el pago de impuestos, lo que acabaría de asfixiar a la pésima administración de los dineros públicos que la autollamada 4T ha realizado desde 2019, cuando empezó a usar, malgastar y abusar del erario. No me sumo a ello. Aunque los burócratas que están en el poder no cumplan, nosotros sí debemos hacerlo.
Porque hoy el gobiernito está en bancarrota. Ahogado por la deuda pública que ya supera más de la mitad del producto interno bruto que generamos todos en el país. Sin ahorros, porque AMLO los dilapidó. La situación es crítica y, ahora sí, ni el FMI confía en los cuatroteros como para venir en su auxilio, porque han llevado a cabo hasta lo impensable para asustar a la inversión y, por lo tanto, no hay nuevos empleos, la economía está estancada, y los tributos al fisco son insuficientes para una administración que se ocupa más en subsidiar que en apoyar a la creación de riqueza.
¿Una reforma fiscal más para cobrarnos más impuestos y con ello ayudar al gobiernito a salir de sus broncas? La idea ronda en las cabecitas “frías” y locas de los cuatroteros, pero –como preguntaba este domingo el politólogo Carlos Elizondo Mayer-Serra, luego de repasar los dispendios de AMLO con sus inútiles megaobras que aún seguimos pagando y subsidiando– «¿alguien en su sano juicio le quiere dar más dinero a un gobierno que gasta así? Tras siete años en el poder, el gobierno no tiene legitimidad para ir a pedir más impuestos a los mexicanos.”
Registro celular: rebeldía en ciernes
Ya hay, además, pruebas palpables de que la rebeldía comienza a tomar forma. Una de ellas, la resistencia de la mayoría de los usuarios de telefonía celular que se niegan a entregar sus datos más sensibles a un puñado de burócratas que, hay que insistir, no sólo es cleptómana y descuidada, sino además improvisada y por lo tanto inepta.
No obstante, no eso ni la posibilidad nada remota de que haya quienes se nieguen a contribuir al erario pareciera preocupar y mucho menos ocupar ni en Palenque ni en Palacio Nacional.
Para los máximos dirigentes del llamado Movimiento –que no se mueve si el tabasqueño no lo ordena–, lo importante es el ensanchamiento y la conservación del poder político… lamentablemente en sociedad con la delincuencia organizada, como no se han cansado de acusar tirios y troyanos.
Por eso y para eso se apoderaron de prácticamente todos los aparatos burocráticos. Igual los legislativos que los judiciales. Lo mismo los órganos electorales en sus facetas administrativa y jurisdiccional. Y desaparecieron a todos los contrapesos que gozaban de autonomía constitucional.
Y van por más. Ya van a ser capaces de anular cualquier elección que pierdan, arguyendo que hubo injerencias extranjeras. Ya lanzaron “lineamientos” para sofocar las expresiones que no les cuadren en radio y televisión, incluso “bajando” la señal de los noticieros extranjeros que se transmitan en la TV de paga. Y ya anunciaron que en la mira tienen a sus siguientes presas: los periódicos, las revistas, las plataformas digitales –como esta– y, claro, las “benditas redes sociales” a las que ahora maldicen.
¿Ante todo ello qué nos queda?
¿La rebeldía social es la salida?
Injusticias en todos los ámbitos
Las democracias no tienen por qué construirse a base de puro dolor, ni de expediciones punitivas del pensamiento o de la discrepancia, señora Sheinbaum.
Aún tenemos un país ubérrimo y generoso que merece ser tratado con ecuanimidad y con tolerancia, más de la que algunos empoderados de ocasión que la rodean están dispuestos a tolerar
Pero tampoco la sociedad tolera ya más de lo mismo que nos han recetado en los dos sexenios de AMLO en el poder.
Y ya manifiesta sus inconformidades con marchas, manifestaciones, reclamos en las giras de los empoderados, y de una resistencia activa contra normas y estructuras que se consideran injustas o restrictivas.
Este fenómeno ha sido crucial en nuestra historia y sigue siendo un motor de cambio que en los palacios de gobierno, legislativos y de justicia no deben ignorar.
La búsqueda de justicia, igualdad y cambio social son los objetivos centrales de la rebeldía social.
Estos movimientos buscan transformar las estructuras que nos son impuestas a la “de a pollo y de a huevo”, para nosotros lograr un entorno más equitativo y justo para todos.
Porque son las injusticias y desigualdades evidentes en la administración de la justicia –casos Ruffo Appel, Vs. Rocha Moya, Marina del Pilar, Adán López, los hijos de AMLO, etc.– las que impulsan a las comunidades a levantarse y exigir cambios.
Recen al santo de su preferencia los cuatroteros para que la crisis económica que ya despunta los agarre confesados, porque un “gasolinazo” como el que la SHCP anunció ya para 2027 puede ser el que encienda la mecha. Y nadie lo desea, por supuesto.
Sin autoridad, pero con poder
Hay que diferenciar entre autoridad y poder.
Si la primera es la potestad obedecida y asumida para obtener un comportamiento determinado sin recurrir a la coacción, el segundo tiene que ejercerse con legitimidad y no sólo por su condición de monopolio de fuerza que avasalla sin contemplaciones.
Las libertades resultan de una conciliación e integración de los impulsos: una armonización de fuerzas causales más la vertebración de los conflictos.
El autoritario actúa como si un orden semejante pudiera realizarse únicamente por la fuerza.
Los libertadores creen que puede producirse por la razón, por esclarecimiento, por el cultivo de los hábitos adecuados.
El autoritario cree en la disciplina como medio; el libertario, en la disciplina como fin, casi como un estado espiritual.
El autoritario dicta instrucciones; el libertario estimula la autoeducación.
Uno no tolera la inconformidad por debajo de las reglas.
El otro no necesita reglas porque ha perseguido siempre la armonía de la unidad.
No lleguemos a la rebeldía social que, según Hannah Arendt es una respuesta necesaria a la opresión y a la injusticia, donde la acción colectiva y el pensamiento crítico juegan un papel fundamental. Un enfoque resalta la capacidad de las personas para unirse y resistir ante las condiciones adversas, promoviendo un cambio significativo en la sociedad.
¡Que la rebeldía social no sea la única salida!
Conciliemos para no dar lugar a conflictos y violencia, afectando la cohesión social. La polarización puede intensificarse, creando divisiones todavía más profundas entre diferentes grupos dentro de la sociedad mexicana.
Y no queremos llegar a eso, ¿verdad?
Indicios
Con su venia, el escribidor tomará unos días de descanso. El Índice Político reanudará su labor opinativa, de señalamientos flamígeros y de propuestas el próximo lunes 10 de agosto. Agradezco que haya leído este texto y, como siempre, le deseo ¡buenas gracias y muchos, muchos días!
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