El presidente Andrés Manuel López Obrador no asistió a la primera sesión del Consejo de Salubridad General, por lo que no escuchó el escenario expuesto por el secretario de medio ambiente, Víctor Manuel Toledo: de no tomarse medidas fuertes y oportunas, por cada caso diagnosticado de coronavirus habría “un número negro” de 1,500 contagiados que lo ignoran, por lo que “alargar el período de exposición” para sostener la actividad económica podría tener un elevado costo humano.
Conforme diversos estudios y las estadísticas mundiales sobre el comportamiento de la pandemia, nos comentan algunos de los asistentes a esa reunión, el titular de Semarnat habría expuesto que en un escenario sin control el 9% de población resultaría infectada; de esos 11 millones el 15% en promedio (1,6 millones de personas) requerirían atención médica y hospitalaria… quedando en riesgo de muerte un porcentaje relativamente pequeño (5% de los enfermos) pero altísimo en absolutos de casi 550 mil personas.
Las cifras generaron ahí en Palacio Nacional, nos cuentan, generaron la sensación de que la respuesta de contención llega a destiempo, aunque el subsecretario de salud Hugo López Gatell se mantiene optimista y asevera que México cumple con los protocolos de la Organización Mundial de la Salud. Y que si bien el primer acuerdo de la Comisión fue “reconvertir las camas” para cuidados intensivos del IMSS a cargo de Zoé Robledo y de los sistemas hospitalarios de los estados, hay fuertes dudas sobre la eficacia de una respuesta reactiva y con la limitación material para disponer en los próximos días de cuando menos 10 mil camas equipadas cuando en las clínicas públicas hay carencia de casi todo tipo de medicamentos e insumos
Empleo vs enfermedad
Así, a juzgar por la respuesta oficial, el gobierno de López Obrador se juga el todo el todo: al igual que el británico Boris Johnson, privilegió la continuidad de la actividad económica sobre la reducción radical de la movilidad de personas y mercancías, pero en un entorno es muy diferente. La economía mexicana, tradicionalmente débil y desigual, cargando una recesión auto infringida, sufriría aún más con la suspensión la suspensión drástica de actividades al condenar al hambre y la desesperación a 32.3 millones de personas que trabajan en la informalidad y que, literal, si no trabajan no comen.
Evitar un paro generalizado puede evitar una dramática pérdida de empleos y una larga recesión. Pero si los contagios se desbordan y se ve rebasado el sistema de salud, el “ahorro económico” será borrado por el costo humano y un consecuente daño a la actividad productiva aún mayor.
Se le acabó el Show a Shaw
No habrá aerolínea en el mundo que salga indemne de la crisis sanitaria, pero las que ya venían alicaídas, como Interjet de Miguel Alemán, difícilmente “cargarán los peregrinos”. Con la suspensión de sus vuelos a Estados Unidos y a Sudamérica, la firma que dirige William Shaw sólo tendrá el mercado doméstico en donde es de prever la suspensión total de operaciones en las próximas dos semanas. Pero a diferencia de Aeroméxico, VivaAerobus y Volaris, Interjet tiene una deuda de casi 400 millones de dólares con el gobierno federal por lo que de sí el gobierno le proporciona cualquier aliciente se ahondará el quebranto para las arcas públicas con cargo político a los funcionarios que lo autoricen y cargo monetario a los contribuyentes. Y sí además se confirma que la Agencia Federal de Aviación Civil a cargo de Rodrigo Vázquez Colmenares le inició una auditoría de seguridad, se acabó el show para la aerolínea.
@mfloresarellano