Una jornada muy larga se vivió ayer en la Cámara de Diputados. De entrada y luego de horas de discusión, quedó aprobada en lo general, la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2027. Dicha probación se dio, evidentemente, con el respaldo de Morena, el PVEM y el Partido del Trabajo (PT), -que se supone está muy enojado con los morenistas-, que juntos lograron sumar 331 votos a favor, mientras que PAN, PRI y MC, votaron en contra del dictamen, por lo que reunieron 118 votos.
Se trata de un paquete que calcula captar más de 10 billones de pesos y contempla un nuevo techo de endeudamiento interno por 1.7 billones de pesos. El mayor endeudamiento que ha tenido México y eso que al inicio de esta errada y llamada cuarta transformación, Andrés Manuel López Obrador prometió que su gobierno no contraería mayor endeudamiento. Otra mentira más de las muchas que dijo el expresidente, pero ésta cobra relevancia por las elecciones del año entrante.
Si no se endeuda el gobierno de Claudia Sheinbaum, ¿cómo va a comprar el voto y más aún, seguir regalando el dinero, especialmente el de los jóvenes que ya podrán votar el año entrante? El dinero para las becas fluye y fluye, pero cada vez hay menos programas de dónde sacarlo.
La nueva Ley del ISR tiene sus blancos y negros. Este régimen se supone que ayuda a pequeñas empresas que tienen ingresos menores a 5 millones de pesos. Se reconoce que una empresa de este tipo, merece menos complicaciones en pagar impuestos.
Se plantea ajustar para hacer deducciones, medida que trata de combatir a las factureras. Sin embargo, el combate a éstas no es transparente lo que permitiría que las factureras sigan en una situación por demás cómoda.
El limitar las deducciones, por otro lado, puede causar problemas serios a empresas como por ejemplo una tienda de abarrotes mediana que no necesariamente pertenecen a personas ricas.
Sin duda, la Ley del ISR queda a deber porque en estricto sentido, no existe un combate al comercio informal y por lo visto sigue el gobierno más empeñado en cobrar a quienes se encuentran en la formalidad que incorporar al 25% que se encuentra en la informalidad.
EL INFORME DE AJOLOTILANDIA
Lo que no se le puede creer a la jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada Molina, es que contemple medidas para combatir el huachicol fiscal. Esto, por los dolores de cabeza que le ha causado a la presidenta Sheinbaum el tema que no pudo tapar para defender a los suyos, con la aprehensión del exgobernador de Baja California, Ernesto Ruffo, quien tiene ya prisión domiciliaria.
Se supone también que Brugada Molina cerrará espacios a la evasión de impuestos y se modifiquen algunas reglas tributarias, sin establecer nuevos impuestos ni aumentar las tasas generales vigentes. Bla, bla, bla.
Específicamente señaló la funcionaria capitalina que habrá más y mejor recaudación pero no más impuestos. Fue enfática al señalar que lo único que ha aumentado es la recaudación del predial, “lo que significa que sí hay confianza de parte de la ciudadanía” capitalina hacia su gobierno. ¿Será?
Agregó echando las campanas al vuelo, que alrededor de 150 capitalinos salieron de la pobreza. Donde sí puso el dedo Brugada, muy molesta, por cierto, es que “es irresponsable difundir falsedades para infundir temor en la población”, esto, con relación al predialazo que pretende establecer para que este impuesto suba conforme a las propiedades a las que se les dará un valor más alto, más reciente.
¿Qué pensará Brugada Molina que gana tratando de esconder lo que es más que evidente?, ¿por qué no mejor explicó qué pasó con la pintura del frustrado color morado ajolote que luego tuvo que sustituir por amarillo durante el Mundial de Futbol? Como se recordará, Brugada pretendió convertir a la capital de la República en Ajolotilandia y solo tiró el dinero a la basura.
Una más que no se le puede creer a la jefa de Gobierno de la CDMX, es que se comprometió a no meterse en las elecciones del 2027. No nos hagamos, según se sabe, la funcionaria tiene contemplado aventarse a la carrera de las “corcholatas” para el 2030, en la que por cierto, nada tendría que hacer, sobre todo en el caso de que el secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch se lance. En suma, Brugada Molina no podría ser “la Chorreada” del Pedro Infante de la política. Esta vez, García Harfuch no le cedería el lugar cuando lo hizo en la carrera por la jefatura del Gobierno de la CDMX.