Harto sospechoso resulta el asesinato de nuestro compañero periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar, certero crítico de las corruptelas y el nepotismo de las que hace gala el cuatrotero dizque gobernador oaxaqueño Salomón Jara.
Causó conmoción la noticia de su muerte. No sólo en la Vieja Antequera sino en todo el país. Y muy seguramente tendrá repercusiones mucho más allá de nuestras fronteras.
Y allá, en la capital de esa bella entidad, igual que en todas partes, las sospechas recaen de inmediato en el ahora morenista a conveniencia Jara Cruz.
A éste muy seguramente le molestaba “El Zumbido del Moscardón”, como titulaba a sus contribuciones periodísticas Leyva Aguilar, tal vez en referencia al sonido grave característico que emiten estos insectos al volar, quizá por la famosa pieza clásica de Rimski-Kórsakov, aunque me inclino más por creer que se inspiró en la obra de ética periodística de Javier Darío Restrepo, porque en su muro de Facebook encabezaba su perfil con una frase atribuida a Gabriel García Márquez: «La ética no es una condición ocasional, debe acompañar al periodista todos los días de su vida como el zumbido al moscardón».
Leyva Aguilar cayó muerto en un comercio dentro del fraccionamiento donde se ubica su domicilio, frente a varias personas, tras que dos sujetos le dispararan ayer por la mañana.
Leyva Aguilar perdió su más reciente empleo, luego de que el gobierno estatal firmara un “convenio” de publi$idad con una radiodifusora de la cadena de El Heraldo de México, pues a cambio Jara pidió su cabeza. Y ya había recibido amenazas. Unas de muerte. Otras, de encarcelarlo. Presentó denuncias y quejas ante las “autoridades” –sin autoridad– y nunca recibió respuesta. ¡Lo asesinaron!
Un crimen más donde acribillan a alcaldes en funciones y a exalcaldes, donde matan a decenas de jóvenes y hasta niños, donde la delincuencia cobra a diario una enorme cuota de sangre en una entidad donde, como en todo el país, campean la inseguridad y la impunidad.
Descansa en paz, colega.
“El anodino”, como bien llamabas en tus columnas a Salomón Jara, seguirá recibiendo una metralla de críticas –quizá no tan diestras como las que tú le enderezabas–, consecuencia natural de sus deleznables actos que ofenden y van en contra del patrimonio y la dignidad del pueblo oaxaqueño que, ciertamente, no se merece a un “desgobernador” así.
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A partir de que el conocido influencer MarkOnce publicó en la red social X que “El Mayo” Zambada habría estado detrás del desplome del helicóptero –“incidente”, le dirían ahora en las mentiñeras– en el que fallecieron la gobernadora de Puebla Martha Erika Alonso y su esposo el senador Rafael Moreno Valle, la Nochebuena del 2018, y que habría sido provocado por instrucciones de los entonces nuevo presidente López Obrador y senador Miguel Barbosa, quien luego sería ungido gobernador sustituto, todo tipo de especulaciones y comentarios se han desatado en el cotarro.
De lo que no se habla, eso sí, es que desde hace ya ocho años más de media docena de presuntos implicados en la caída de la aeronave permanecen en prisión preventiva, obviamente sin recibir aún ninguna sentencia.
Ocho años, pese a que existe un dictamen de falla mecánica por negligencia del operador para dar mantenimiento preventivo y correctivo.
Justica que tarda no es justicia.
Ahora que, si los sabuesos de las fiscalías ya hubiesen hecho su tarea, quizá coincidirían en que fue un “accidente” provocado. Y que, de acuerdo con un experto en aviación, habría bastado con que al interior del hangar “alguien” hubiese aflojado dos tornillos vitales del aparato para que este cayera a tierra.
¿Hasta cuando sabremos qué pasó en realidad?
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Lo que son las cosas. El gobierno de Barcelona está luchando en contra del tumulto de turistas que invaden sus principales sitios de atracción y que, prácticamente, han alejado a los catalanes de sus lugares habituales de reunión. La ciudad ya no es suya. Es de los visitantes extranjeros.
En 2025, los barceloneses recibieron 15.7 millones de turistas. Ese es el umbral. Dieciséis millones es el máximo.
Por supuesto ya han puesto en práctica medidas para encarecer la estadía en hoteles y, sobre todo, para limitar drásticamente las ocupaciones de los llamados Airbnb. Lo que recaudarán el gobierno de la también llamada Ciudad Condal, el gobierno estatal y el reino de España serán muchos miles de millones de euros más para frenar a las muchedumbres que visitan, entre otros sitios, el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, cuya construcción iniciara Antoni Gaudi en 1882 y que concluyera hasta el último día de octubre de 2025, convirtiéndola en la iglesia más alta del mundo.
Lo que son las cosas, sí. Porque, paradójicamente, en uno de los sitios turísticos otrora más populares de nuestro país, Tulum, el gobiernito cuatrotero local también se está llenando los bolsillos con millones de pesos, afectando la economía de restauranteros, hoteleros, vendedores, todo tipo de comercios, por las altas tarifas que cobran por servicios municipales deficientes o que, incluso, ni siquiera prestan.
Cobran cantidades astronómicas, siempre en efectivo contante y sonante, y sin dar recibo.
La consecuencia: “sin querer queriendo” han alejado al turismo, han cerrado establecimientos relacionados con la que los clásicos llamaban industria sin chimeneas y han empobrecido a la población.
Ahí sí opera aquello de “primero los pobres”. Por encima de ellos, los funcionarios ricos y corruptos.
Obvio, quien preside el ayuntamiento de Tulum forma filas en Morena. Se llama Diego Castañón Trejo, a quien deberían llamar desde Barcelona o, mejor, iniciarle proceso penal.
@AndySKBrown1