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Mientras el presidente de EU, Donald Trump, volvió ayer con su retórica contra México, y hasta llegó a externar su duda en la continuidad del T-MEC, la verdad es que las dos economías se encuentran, cada vez, más integradas. En efecto, la relación comercial entre México y Estados Unidos es relevante tanto en dimensión como en complejidad. En 2025 México exportó US$552 mil millones al mercado estadounidense, mientras que importó US$252 mil millones. Más allá de estos grandes números, la relevancia recae en el alto nivel de integración existente entre ambas economías. Las cadenas de suministro muestran su mayor grado de integración en las industrias automotriz y de autopartes, electrónicos, semiconductores, dispositivos médicos, aeroespacial y maquinaria industrial.

Es más, aún predominan esquemas de producción “just-in-time”. Los componentes cruzan la frontera múltiples veces durante el proceso productivo. La competitividad depende en gran medida de los costos logísticos, cercanía geográfica y resiliencia operativa. En este contexto, la integración regional ha adquirido una relevancia estratégica creciente ante los esfuerzos de Estados Unidos por fortalecer las cadenas de suministro y reducir vulnerabilidades frente a Asia, particularmente China.

Dentro de esta relación comercial caracterizada por un elevado grado de complejidad, creemos que en la actualidad existen dos frentes abiertos que concentran buena parte de las discusiones entre ambos países: uno relacionado con aranceles y otro vinculado con el proceso de revisión del T-MEC. Ambos serán igual de importantes para el desempeño del sector exportador mexicano hacia delante.

Por otra parte, nos recuerdan analistas de Banorte, el panorama de los mercados financieros globales atraviesa un momento de alta fricción macroeconómica y geopolítica, donde el optimismo derivado de la moderación de las presiones inflacionarias en Occidente coexiste con una severa escalada militar en Oriente Medio y un endurecimiento de las posturas proteccionistas en Norteamérica. Las mesas de dinero operan bajo una notable cautela debido a la volatilidad en el mercado de renta fija, reflejada en el comportamiento del índice MOVE, el cual emite señales de alerta para los operadores de renta variable. A pesar de los esfuerzos corporativos en innovación tecnológica y de la resiliencia en ciertos indicadores de consumo, el encarecimiento de las materias primas energéticas y la incertidumbre regulatoria en torno a los principales tratados comerciales globales actúan como catalizadores de aversión al riesgo, reconfigurando los flujos de capital hacia la cobertura y la selectividad de activos en las principales plazas del mundo.

loscapitales@yahoo.com.mx

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